Entrevista a Albert Salvany, profesor y analista blockchain, sobre la entrada en plena aplicación de MiCA, la protección del inversor, la seguridad jurídica y el reto de que Europa regule sin frenar la innovación.
La regulación europea de los criptoactivos entra en una fase decisiva. Con el final del periodo transitorio en España, MiCA deja de ser solo un marco regulatorio en construcción y pasa a marcar de forma directa qué entidades pueden operar, bajo qué condiciones y con qué garantías para los inversores.
En C4E · Chain4Economy hablamos con Albert Salvany, profesor y analista blockchain, sobre lo que representa este momento para Europa, el papel de los activos digitales dentro del sistema financiero, la protección del inversor, los costes regulatorios para los proyectos y el riesgo de que una regulación demasiado rígida pueda frenar la innovación.
Para Albert, MiCA no es simplemente una norma más. Es un reconocimiento.
Durante años, una parte del sistema intentó combatir o desacreditar los criptoactivos. Pero la realidad se ha impuesto: los activos digitales no han desaparecido, la tecnología que los sostiene sigue avanzando y su impacto potencial sobre el sistema financiero va mucho más allá de la compraventa de criptomonedas.
MiCA supone, en ese sentido, un antes y un después. No porque resuelva todos los problemas, sino porque Europa ha decidido incorporar los criptoactivos al sistema, dotarlos de una clasificación jurídica y establecer un marco común para su desarrollo.
Vamos con las preguntas:
C4E: Tras años de debate, MiCA entra plenamente en vigor este 1 de julio. Más allá del cambio regulatorio, ¿qué cree que representa este momento para Europa: el punto de madurez del mercado cripto o el comienzo de una nueva etapa para el conjunto del sistema financiero?
Albert Salvany: Está claro que MiCA supone un antes y un después para Europa. Aunque inicialmente las reticencias hacia los criptoactivos eran evidentes, ahora también se hace evidente la inutilidad de intentar combatirlos. Y se ha optado, de forma razonada, por incorporarlos al sistema.
La implementación de MiCA es mucho más que una ley que regula un mercado. Es el reconocimiento de facto de estos activos como tales. Para desplegar una regulación ajustada, primero se ha tenido que definir una clasificación de criptoactivos. Solo algunos ámbitos, como determinados NFT, DeFi o algunas stablecoins, quedan fuera del radar por diversos motivos.
Respecto al sector financiero, es un reflejo de lo que hemos visto en los gobiernos: declaraciones altisonantes para denostar estos activos, pero finalmente, con la correspondiente garantía regulatoria, la lógica se impone. Y es que el impacto de los activos digitales en el sector financiero va más allá de las transacciones o del uso de criptomonedas. Estamos hablando de la aceptación de una tecnología que puede reducir de forma importante los costes del sector.
Por tanto, la respuesta es un sí rotundo: MiCA marca el comienzo de una nueva etapa para el sistema financiero.
C4E: Uno de los grandes objetivos de MiCA es aportar confianza al mercado. ¿Cree que esta regulación servirá realmente para acercar a nuevos inversores y empresas a los criptoactivos o, por el contrario, el crecimiento dependerá mucho más de la evolución del propio mercado?
Albert Salvany: El objetivo principal de MiCA, como el de cualquier normativa actual sobre activos financieros, es siempre la protección del inversor. Y esa protección pasa principalmente por dos pilares.
El primero es certificar que la actividad a la que se refiere ese activo, o token que ponemos a la venta, es verídica y cumple con las condiciones que se estipulan en la oferta. Principalmente se valora que el modelo de negocio que subyace e impulsa al token sea capaz de generar los beneficios esperados. Y esa es una información a la que el inversor tiene muy difícil acceso por sí solo.
Esto redundará en muchos menos conflictos y fraudes dentro del circuito legal y dentro del ámbito de la norma en la Unión Europea. Por tanto, MiCA aportará confianza y seguridad al mercado.
El gran reto es que estas medidas, y otras que puedan implementarse posteriormente —ya hablamos de MiCA II—, sean lo suficientemente flexibles para no ahogar la innovación. Ese es el gran reto.
C4E: Toda regulación suele generar ganadores y perdedores. O unos más beneficiados que otros. ¿Quién cree que sale más reforzado con MiCA: los inversores, los grandes operadores, la banca tradicional, las empresas europeas o los propios reguladores? ¿Y quién tendrá más dificultades para adaptarse?
Albert Salvany: Con MiCA, creo que el gran beneficiado es el inversor. No hay normas perfectas y seguramente hay cosas que podrían haberse hecho de otra manera. Pero cuando tenemos un entorno regulado estamos aportando algo de mucho valor: seguridad jurídica. Y eso contribuye al desarrollo de proyectos en un ámbito seguro y de confianza.
El inversor podrá tomar decisiones en un entorno controlado, y eso es mucho más seguro, aunque sacrifiquemos el romanticismo de los primeros tiempos.
Sí es verdad que uno de los factores que cambia radicalmente son los recursos necesarios de los que vas a tener que disponer para afrontar técnicamente un proyecto de este tipo. Si hasta ahora la tecnología bajaba enormemente estas barreras de entrada, con MiCA la exigencia regulatoria hará que el presupuesto invertido para el lanzamiento de un token se multiplique varias veces.
Hablamos de requerimientos de estructura, legales, de personal exigido y de cumplimiento. Y esto puede beneficiar a entidades que ya disponen de esta infraestructura para la creación de productos en el mercado tradicional.
C4E: Si dentro de cinco años miramos atrás, ¿qué le gustaría que hubiese cambiado gracias a MiCA y qué riesgo cree que Europa todavía debería evitar para no quedarse rezagada frente a otras regiones como Estados Unidos o Asia?
Albert Salvany: Me gustaría que MiCA hubiese funcionado como un catalizador de un mercado europeo propio. Que viéramos proyectos creados, desarrollados y en funcionamiento en Europa, compitiendo con cualquier otra parte del mundo.
Pero me temo que esto no va a ser así. Lo podemos ver con el actual trato de las stablecoins, que son realmente la auténtica clave en el desarrollo de estas tecnologías.
Si Europa quiere competir de verdad, tiene que entender que no puede limitar la innovación. E, indefectiblemente, va a tener que ceder soberanía, porque es el ABC de un sistema descentralizado.
Algo que, por definición, no se puede detener.
C4E: En los últimos años, muchos ciudadanos han asociado las criptomonedas con volatilidad, fraudes o quiebras como los casos FTX, Terra o varios escándalos cripto. ¿Puede MiCA contribuir a cambiar esa percepción o la confianza solo se recuperará con el tiempo y el comportamiento del propio sector?
Albert Salvany: Absolutamente. MiCA contribuirá a dificultar este tipo de operaciones con esta normativa, que equipara en muchas cosas los activos cripto con los tradicionales a la hora de captar inversión.
Algunos de estos episodios se han podido producir por la ausencia de legislación y normativa, y por la posibilidad de realizar estas acciones sin la trazabilidad debida ni la identificación de los responsables. Esto ahora no será posible dentro del marco legal europeo.
No significa que desaparezca todo riesgo. Pero sí cambia el terreno de juego.
La regulación no recupera por sí sola toda la confianza perdida, pero puede hacer mucho para impedir que determinadas prácticas se repitan dentro de un entorno supervisado.
El difícil equilibrio entre seguridad e innovación
La visión de Albert Salvany deja una idea clara: MiCA no debe entenderse únicamente como una regulación defensiva. También puede ser una oportunidad.
Una oportunidad para dar seguridad jurídica, proteger al inversor y profesionalizar un mercado que durante años ha convivido con demasiada incertidumbre, conflictos y opacidad. Pero esa oportunidad viene con una condición: Europa no puede regular hasta asfixiar.
Si MiCA sirve para incorporar los criptoactivos al sistema financiero sin destruir su capacidad de innovación, habrá cumplido una función histórica. Si, en cambio, acaba elevando tanto las barreras de entrada que solo puedan competir los grandes operadores, el mercado será más seguro, sí, pero también menos abierto.
Ese es el debate que empieza ahora. No si los criptoactivos deben existir. Eso ya ha quedado respondido.
La pregunta es qué tipo de ecosistema quiere construir Europa alrededor de ellos.
MiCA puede aportar seguridad jurídica, pero Europa deberá demostrar que también sabe competir, innovar y construir un mercado propio de activos digitales.
Fdo.:
Marcos Rodríguez López
C4E · Chain4Economy
Redactor de Economía
Perfil de Albert Salvany:
https://www.linkedin.com/in/asalvany
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