
Bitcoin inicia la semana con estabilidad tras una fuerte corrección reciente.
Luego de haber descendido hasta niveles cercanos a los 80.000 USD, el precio se mantiene en una fase de movimientos laterales, sin señales claras de continuidad bajista o recuperación inmediata.
El foco del mercado está puesto en un evento macroeconómico clave: la publicación del Índice de Precios al Productor (PPI) en Estados Unidos, programada para el martes 25 de noviembre. Este indicador mide los cambios en los precios que reciben los productores y funciona como una señal temprana de posibles presiones inflacionarias. El último dato del PPI, correspondiente a agosto, registró un -0,1%, mientras que las proyecciones actuales anticipan un aumento cercano al 0,3%.
A nivel interno del ecosistema, los datos de cadena reflejan una fase de capitulación marcada entre los tenedores de corto plazo. El indicador Short-Term Holder SOPR (STH-SOPR) permanece en 0,97, un nivel que señala ventas sostenidas con pérdidas. Este proceso ha sido descrito por firmas de análisis como una etapa de depuración acelerada del mercado.
Pese al retroceso desde los máximos históricos de 126.000 USD, algunas métricas muestran comportamiento diferenciador por parte de distintos perfiles de inversores. Las direcciones asociadas a grandes poseedores incrementaron sus reservas de 159.000 BTC a 345.000 BTC desde el 6 de octubre, lo que apunta a una absorción significativa durante la caída.
Desde el punto de vista técnico, diversos análisis coinciden en que bitcoin continúa en fase de consolidación. Mantener cotizaciones por encima de los 86.000 USD es considerado un nivel estructuralmente relevante, aunque el comportamiento general del mercado aún presenta fragilidad.
Con los datos actuales, el comportamiento más observable es la permanencia dentro de un rango lateral entre 80.000 y 90.000 USD, a la espera de nuevas referencias económicas.

