¡¿minería de Bitcoin en el espacio?!

Grandes compañías tecnológicas y aeroespaciales ya evalúan la posibilidad de trasladar centros de datos de inteligencia artificial al espacio, una iniciativa que busca superar las crecientes restricciones energéticas y de escalabilidad que enfrenta la computación avanzada en la Tierra.

La propuesta apunta a aprovechar la disponibilidad continua de energía solar en órbita, eliminando limitaciones como los ciclos nocturnos, las condiciones climáticas y la saturación de las redes eléctricas terrestres.

En ese marco, Blue Origin, la empresa fundada por Jeff Bezos, lleva más de un año desarrollando tecnología para desplegar infraestructura de IA fuera del planeta, según informó The Wall Street Journal el 10 de diciembre. Durante su participación en la Italian Tech Week 2025, Bezos afirmó que en un horizonte de entre 10 y 20 años podrían existir centros de datos espaciales con capacidad de gigavatios.

Desde su perspectiva, estas instalaciones tendrían mejor rendimiento y menores costos operativos que las terrestres, gracias al acceso ininterrumpido a energía solar. Además, el entorno espacial permitiría condiciones óptimas para el entrenamiento de modelos de IA a gran escala.

Un interés compartido entre las grandes tecnológicas

La visión de Blue Origin no es aislada. Otras compañías líderes también exploran escenarios similares. A comienzos de noviembre, Google anunció una alianza con Planet Labs para lanzar dos satélites experimentales destinados a evaluar si una red orbital interconectada, alimentada por energía solar y equipada con chips de IA, puede aprovechar de forma más eficiente la radiación solar disponible en el espacio.

El lanzamiento de estos satélites está previsto para principios de 2027, y servirá como prueba para futuras arquitecturas de computación espacial.

La apuesta de Elon Musk por la computación orbital

Elon Musk también ha manifestado de forma reiterada su visión sobre la computación de inteligencia artificial en órbita. El 7 de diciembre, sostuvo que satélites con capacidad de procesamiento local, ubicados en órbitas sincronizadas con el Sol, permitirán ofrecer cómputo a un costo significativamente menor que en la Tierra en los próximos años.

Según explicó, estos satélites procesarían los datos de forma local y solo transmitirían los resultados finales, conectándose entre sí mediante enlaces láser y utilizando Starlink como red de comunicaciones. Este enfoque reduciría los cuellos de botella energéticos que hoy afectan a las infraestructuras terrestres.

Musk estima que los satélites de IA alimentados por energía solar podrían incorporar entre 300 y 500 gigavatios de potencia computacional por año. Para ponerlo en contexto, el consumo eléctrico promedio de Estados Unidos ronda los 500 gigavatios, lo que implicaría que en apenas dos años la capacidad de cómputo espacial podría igualar o superar la demanda energética de toda la economía estadounidense.

A largo plazo, incluso planteó la posibilidad de fabricar satélites en la Luna, reduciendo la dependencia de lanzamientos desde la Tierra.

IA en órbita y minería de Bitcoin: una convergencia natural

Desde el punto de vista operativo, los centros de datos de IA y las instalaciones de minería de Bitcoin comparten requisitos similares: grandes volúmenes de energía, preferentemente renovable y de bajo costo, y conectividad permanente a internet.

En un entorno orbital, la energía podría provenir de paneles solares expuestos de forma constante a la radiación solar, mientras que la conectividad se resolvería mediante constelaciones satelitales o enlaces láser entre satélites. Bajo este esquema, la minería de Bitcoin podría integrarse como una actividad complementaria dentro de infraestructuras de cómputo espacial ya existentes.

Casos reales que refuerzan la viabilidad técnica

La transmisión de información de Bitcoin por satélite ya es una realidad. Iniciativas como Blockstream Satellite emiten de forma continua la cadena de bloques de Bitcoin desde satélites en órbita, permitiendo que nodos de distintas regiones se mantengan sincronizados sin depender de internet tradicional.

En El Salvador, por ejemplo, una operación minera vinculada a una planta geotérmica utiliza enlaces satelitales para recibir datos de la red de Bitcoin, garantizando la continuidad del proceso incluso en entornos con conectividad limitada.

Estos antecedentes demuestran que la comunicación satelital puede sostener tareas críticas del ecosistema, lo que refuerza la idea de que la minería de Bitcoin en plataformas orbitales no enfrenta barreras técnicas insalvables.

Presión energética y una salida fuera del planeta

El interés por trasladar centros de datos —y potencialmente la minería— al espacio responde al enorme consumo energético de la computación intensiva. Como referencia, el operador eléctrico de Texas (ERCOT) recibió solicitudes de conexión por 226 gigavatios de nueva demanda, frente a los 63 gigavatios registrados a fines del año pasado.

Aproximadamente el 73% de esa demanda proviene de desarrolladores de centros de datos orientados a inteligencia artificial, lo que refleja la presión creciente sobre las redes eléctricas terrestres.

En este contexto, llevar parte de la infraestructura computacional fuera del planeta aparece como una estrategia para aliviar la demanda energética en la Tierra y aprovechar la abundante y constante energía solar disponible en el espacio.

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